De la creatividad a la vida

La curiosidad apenas sucede, y cuando lo hace, es escasa.

Apenas se da importancia, cuando es realmente aquel hilo del que depende la resolución de la madeja, la curiosidad. Vamos tan deprisa que pretendemos llegar a resolver sin alcanzar ese hilo, cuando puede ser la mayor pista que preceda al objetivo, por qué se creó, y para qué.

No podemos deshacernos del miedo, pero quizás si podamos decidir, de una manera u otra que esté el menor tiempo posible en nuestras vidas. Pero, miedo… ¿a qué? ¿miedo a no hacer las cosas perfectas?, a no seguir el “estándar”, ¿qué estándar?, ¿qué es la perfección…? Puede que su propia ausencia, precisamente.

No existe algo perfecto, ni el hacer las cosas “perfectas” universalmente, y, posiblemente no nos haría más felices aunque existiera. Son conceptos inventados bajo un criterio incoherente; “la normalidad de las cosas”.

 Lápices-corazónSimplemente hay que hacerlas “bien”, y ¿qué es hacerlas bien?, quizás, ¿llegando a su finalidad obrando en la mayor armonía que circunda al mayor beneficio común posible, pero sobretodo hacer que sea posible? Y todo de manera imperfecta porque así es como somos, y es precisamente cuando más nos enriquecemos, retando las imperfecciones, descubriendo otras perspectivas y facultades, mirando desde otros prismas, que puede que no sean los “correctos” o los más cómodos, o los que más beneficien, o que necesiten pulirse, sin embargo son las que mayor valor aportan porque nos hacen pensar diferente, salirnos de ese “estándar” y de eso es de lo que más escaseamos, de apreciar la riqueza y la importancia de la diversidad.

Precisamente de dar rienda suelta a las cuadrículas y moldes instaurados, en ocasiones de manera errónea en nuestro cerebro. Romper el concepto de que “las cosas deben ser así” de forma general, y no, las cosas deben y tienen que poder adecuarse a diferentes necesidades y contextos de las personas, dotar a cada uno de aquello que necesite, y en la medida en que lo precise, crear un entorno equitativo.

Dar autoridad a nuestra creatividad, e imaginación a nuestras faltas, carencias y necesidades, y hacer lo que mejor sabemos; crear, sin límites, sin estándares, sin topes, sin manual de instrucciones.

Aprender a pensar, repensar, y hacerlo diferente . Conciliando objetivos, es precisamente de lo que hablábamos al principio, la curiosidad, de saber, de aprender, de valer, de diferenciar, de enriquecer, de compartir. Cosas distintas, que nos hagan únicos, que ya lo somos. De volver a volver, de volver a pensar, y de poder decidir, cómo queremos hacer las cosas, y por y para qué. El cómo queremos vivir nuestra vida, de manera inherente, permanente, libre e inalienable.

 

 

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