Sólo una forma distinta de comprender y desenvolverse en el mundo

 

dragon-2634391__480No, no son caprichos, sólo una forma distinta de comprender y desenvolverse por el mundo.

Un lenguaje sin matiz, una sensación de inflexibilidad, una apariencia de ser personas toscas, directas, dictatoriales, literales, y sorprendentemente…¿hipersensibles?, personas en definitiva que no entendemos del todo convenciones sociales en las que la visión de la vida y las relaciones es diferente. Dentro de nuestro cerebro no parece existir el filtro de qué es “políticamente correcto”, o mejor dicho; no estamos dispuestos a adecuarnos a ello porque simplemente no estamos de acuerdo. Algo que sin duda genera muchísimo rechazo por doquier y sin apenas darnos cuenta, porque no se es consciente de ello, y aun siéndolo a veces no se visualizan recursos más allá de los habituales, de cómo se piensa que se es capaz de gestionar determinadas situaciones porque no se vislumbran otras vías. La parte social es compleja, pues las cosas que se dicen se consideran inadecuadas o “políticamente incorrectas” y cuesta autorregularse cuando lo que se dice se piensa desde la propia lógica, naturalidad y desde la mejor intención pensando que es lo correcto.

Resulta difícil expresar las propias emociones de una manera convencional por lo que, a veces, puede parecer que la reacción es inadecuada, desproporcionada o “fuera de lugar”. Todos estamos llenos de alguna razón quizás desconocida por los demás para ser como somos, sin necesidad de etiquetar, de poner nombre a algo que es simplemente parte de la esencia que nos hace ser las personas que somos, de forma única.

Sorprende y hiere que etiqueten todo ello de egoísmo, de no sentir afecto cuando dentro se siente todo lo contrario. Todo está del revés y cuanto más se complican las cosas más lejos se siente de cualquier comprensión personal y social, lejos de todas las personas, porque hay unas reglas sociales, pero muchas parecen incomprensibles, simplemente son así, y el dictatorial es el que intenta exponer una forma diferente… Los comportamientos no son caprichosos o intencionados, reflejan una manera distinta de comprender, sentir y desenvolverse en el mundo. Pero aun así seguimos basándonos en normas socialmente “aceptadas” para seguir gestionando las relaciones, y nos apoyamos en ellas para saber cómo tienen que ser las cosas y las personas. Seguimos sintiéndonos con autoridad y valor suficientes para ejercer de juez y parte sobre cómo se deben desarrollar las personas, los vínculos, y las emociones incluso entre las otras personas y entre ellas.

El proyecto de vida que nos quieren vender, en general, no es aplicable a toda la población. Ni un hijo es un fracasado si no termina un grado universitario, o si el que elige no es el que “más salidas profesionales tiene” y en la mejor universidad, ni un hijo con diversidad tiene por qué ser una persona con vida triste o un fracaso un “proyecto” truncado para los padres. Los hijos no son proyectos, ni para los padres, ni en la vida en general. Los proyectos son retos que las personas deben elegir para sí mismas no para los demás. Podemos elegir hacer lo que queramos, dentro de las posibilidades que consideremos cada uno que tenemos y podemos desarrollar. No se trata de hacer todos lo mismo. Ni de responder a las expectativas de nadie. Sino, ser fieles a nuestros propios anhelos, nuestras ilusiones individuales y a los proyectos que cada uno elija para sí mismo.

Aun con todo, si se consigue una mínima comprensión de la libertad de construir la persona que cada uno quiere ser, nada debería de estar “justificado” con la necesidad de una etiqueta, nombre o clasificación de algún tipo, simplemente debería de bastar el que todos somos diferentes, y tan sólo unos se parecen más a otros o tienen más cosas en común, y otros no, o se parecen menos. Quizás algunos seamos más o menos flexibles mentalmente, con mayor capacidad de interacción social dentro de nuestras condiciones o características. Quizás miles de personas pueden desconocer que sus dificultades, capacidades o excentricidades, pueden responder a una condición del espectro autista y por ese desconocimiento no tienen la oportunidad de poder explicarse a sí mismas y a los demás el origen de sus diferencias, ni siquiera para poder entender por qué somos como somos, e intentar sembrar la tolerancia en sociedad de que las cosas no son iguales nunca, y que a mismas situaciones hay mundos totalmente diferentes dentro de cada cerebro, en cada persona. Pero sobre todo que ni es mejor ni peor, que simplemente todo es y todos somos diferentes y de esas diferencias es donde reside la riqueza, unidos por la diversidad de cada uno, porque ello nos complementa haciendo de esa unión un equipo perfecto. Sólo es cuestión de aplicar empatía y paciencia, lo mismo que queremos para nosotros mismos, lo necesitan también los demás.

No hay culpables ni insensibles, sólo hay maneras diferentes de ver e interpretar las cosas, y no por ello dejamos de sentir, ni de necesitar a las personas, de ansiar cariño, razón y apego… ni mucho menos, por el hecho, de ser, ver, y sentir diferente. Se trata de intentar entender las cosas desde el otro lado, porque cada persona tiene su razón. Todos tenemos cualidades, a todos se nos dan mejor unas cosas que otras, todos tarde o temprano, necesitaremos diferentes tipos de apoyo, así que TODOS, debemos de encontrar un punto en común que nos una, para descubrir las diferentes aportaciones que somos capaces de hacer, e ir complementándolas.

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